KPI: cuando los números mienten (y cómo evitar caer en la trampa)


Las mediciones estadísticas —o como solemos llamarlas en las empresas: KPI (Indicadores Clave de Rendimiento)— están en todas partes. Se usan para decidir inversiones, priorizar proyectos, evaluar gerentes… y hasta para repartir bonos.

El problema es que, en muchas organizaciones, los KPI no miden la realidad. Miden otra cosa: lo que conviene reportar.

Mark Twain popularizó aquella frase que todavía duele de lo cierta que es: “Mentiras, malditas mentiras y estadísticas.” Y Winston Churchill remató con ironía británica: “Solo creo en las estadísticas que comprobé yo mismo.”

En pocas palabras: desconfiaban de los números. Y tú también deberías.

Porque cuando la carrera de alguien depende de que un KPI salga “bonito”, aparece una tentación peligrosa: maquillar el número. Y cuanto más alto subes en la jerarquía, peor se pone el asunto: más filtros, más “ajustes”, más narrativa… y menos verdad.

Vamos con ejemplos reales (y bastante comunes).


KPI manipulados en la industria

1) OEE y Utilización: el “milagro” de los 90%

Si hay un KPI que he visto convertido en ficción con frecuencia, es el OEE (o la utilización).

He visto reportes con OEE arriba de 90% de forma “normal”. Pero cuando uno se mete a medirlo en serio, el resultado suele ser 60% o menos.

Y sí: también he visto OEE sobre 100%.

Lo cual, por definición, significa que produjeron más de lo físicamente posible. Es decir: matemáticamente absurdo, pero corporativamente aceptado.

Por eso yo tengo una regla simple: no creo en un OEE si yo no vi cómo se midió.


2) Desempeño de entrega: 90%… según la planta

Otro KPI estrella para maquillar es el OTD (entrega a tiempo).

En la mayoría de fábricas que he visitado, el OTD reportado suele estar por encima de 90%. El detalle es que, cuando preguntas a la gente en planta, muchas veces te lo dicen con cara de: “sí… ajá”.

Una vez, una planta cometió un “error”: le preguntó al cliente cuál era el nivel de entrega… pero visto desde el cliente.
La planta decía 90%. El cliente decía 30%.

¿Quién estaba equivocado? Probablemente no el cliente.


3) Inventario y WIP: el inventario “baja” mágicamente al cierre de mes

Inventario y WIP también son KPI típicos, especialmente cuando una empresa dice que está haciendo Lean.

Conozco un caso donde el inventario se medía mensualmente, siempre al final del mes. La gráfica era hermosa: todo “bajo control”.

Hasta que alguien decidió medirlo diariamente.

Y ocurrió el milagro: el inventario siempre caía fuerte justo antes del cierre. Como si el sistema tuviera un reloj interno que dijera: “muchachos, fin de mes… escondan todo.”

¿Coincidencia? Te dejo la pista: no lo era.


4) Calidad: cuando mejorar el reporte te cuesta el puesto

La calidad es otro KPI favorito. Y también uno de los más peligrosos, porque una mentira en calidad se paga caro, pero no siempre “internamente”.

Un gerente en una planta de pastillas para lavaplatos hizo algo lógico: empezó a medir bien el número de pastillas rotas.
Resultado: los defectos reportados subieron 10 veces.

¿La calidad empeoró? No.
La calidad siempre fue mala. Lo que cambió fue que por fin se reportó.

¿Y qué pasó? El KPI de toda la planta “se dañó”.
La solución fue rápida y brutal: despidieron al gerente, recordaron “con severidad” los objetivos de calidad… y los números reportados volvieron a la “normalidad”.

La calidad real, por supuesto, no mejoró en absoluto.


5) Costos: el KPI más importante… y uno de los más manipulables

El costo es probablemente el KPI más importante en industria. Y también uno de los más difíciles de medir bien.

Medir horas hombre es sencillo. Pero el costo real no es solo mano de obra:

  • ¿cuánto cuesta perder un cliente por una entrega tardía?

  • ¿cuánto cuesta un reproceso que nadie reporta?

  • ¿cuánto cuesta un cambio urgente por fallas de planificación?

Además, la contabilidad estándar suele estar llena de supuestos que distorsionan comparaciones, especialmente contra proveedores externos.

He visto casos donde:

  • al proveedor interno se le permite “cotizar” con eficiencia del 100%, pero se le paga según su eficiencia real (siempre peor). Eso hace que un proveedor externo nunca gane, aunque realmente sea más barato.

  • o lo contrario: al proveedor interno le cargan todo el costo de equipos viejos ya depreciados, y queda “carísimo” frente al externo. Resultado: termina fabricando piezas que nadie quiere (baja cantidad, alta variedad, complejas)… y se vuelve aún más caro.


6) “Meta-KPI” globales: mejoran los números, no el negocio

He visto empresas con un KPI global para “medir el desempeño de la planta”. Año tras año el indicador mejora. Todo va “mejorando”.

Pero el resultado final del negocio no cambia.
No hay conexión entre el KPI y el dinero que queda al final del día.

¿Entonces qué mejoró?
La habilidad de la organización para hacer que el KPI se vea mejor.


Ejemplos fuera de la industria (porque esto no es solo “de fábrica”)

Este problema no es exclusivo de empresas. También pasa en gobiernos y sistemas públicos.

Rendimiento escolar

En Estados Unidos, los exámenes estandarizados se han visto envueltos en múltiples casos de manipulación: desde docentes dando respuestas hasta correcciones indebidas antes de calificar.

Cuando el KPI define el futuro de la escuela, el KPI se vuelve el objetivo. No el aprendizaje.

Indicadores económicos

Crecimiento, estabilidad financiera, déficit… son KPI nacionales. Y muchos países los “maquillan” para ganar narrativa o poder político.

China ha sido cuestionada por indicadores inflados. Grecia entró al euro con cifras altamente discutibles. Alguien, seguro, hizo carrera con esos números.

Producción “heroica”

En regímenes socialistas o comunistas esto fue clásico: se reportaban “hazañas” irreales para sostener propaganda.

En la Unión Soviética se reportó que Aleksei Stakhanov extrajo 102 toneladas de carbón en un turno, luego 227 toneladas. Nació el “movimiento stajanovista”.

En China, durante la gran hambruna (1958–1961), se exageraron rendimientos agrícolas hasta lo absurdo (campos “cubiertos” con cosechas imposibles).

Historias épicas… con números irreales.

Desempleo

Muchos países “mejoran” desempleo cambiando definiciones.

En Australia, trabajar una hora por semana puede contarte como empleado.
En Alemania, muchas personas desempleadas se colocan en programas de “capacitación” que no cambian su realidad… pero sí cambian el KPI.


Conclusión: la regla de oro

Estos son solo algunos ejemplos. En tu industria, seguro puedes listar varios más.

La idea principal es simple:

Sé muy, muy cauteloso con cualquier número.
Y si no lo mediste tú, o no entiendes exactamente cómo se calculó… no lo tomes como verdad.

Porque lo que no se verifica, se convierte en narrativa.
Y una empresa guiada por narrativa… tarde o temprano se estrella con la realidad.




Por: Roser, Christoph
Tomado y traducido de: 

Lies, Damned Lies, and KPI: Examples of Fudging


Versión Original en
https://www.allaboutlean.com/kpi-lies-examples/



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