El error más común: usar el mismo método para problemas distintos!


Lean se trata de resolver problemas. Eso lo tenemos claro todos los que estamos en este camino. Pero hay un matiz clave que muchas empresas pasan por alto: no todos los problemas son iguales.

De hecho, la administración enfrenta cuatro tipos de problemas. Y una empresa realmente eficiente necesita desarrollar la capacidad —y preparar a su gente— para abordarlos todos, no solo uno o dos.

Hoy existe bastante consenso en algo: la esencia de cualquier organización es la resolución de problemas. Problemas del cliente, del desempeño, de calidad, de seguridad, de costos, de personas… Por eso esta capacidad no puede estar encerrada en “el departamento de mejora” o “calidad”: debe existir en todas las personas e incorporarse en los procesos.

Aquí es donde Art Smalley —ex Toyota y consultor reconocido— aporta una idea muy útil. En su libro “Cuatro tipos de problemas: desde la contención reactiva hasta la innovación creativa”, explica que las empresas deben dominar cuatro categorías distintas, cada una con su lógica y su método.

El primer paso es aprender a identificar qué tipo de problema tienes delante. Porque si confundes el tipo, aplicarás el método equivocado… y el resultado será frustración, desgaste y “Lean de papel”.

Smalley define estos cuatro tipos:

  1. Contención

  2. Desviación del estándar

  3. Condición objetivo

  4. Innovación

Vamos uno por uno.


Tipo 1: Contención (detener el sangrado)

Cuando ocurre un problema, lo primero es evitar que el daño siga creciendo.

Ejemplos típicos:

  • aparece un defecto grave de calidad → paras la máquina, separas producto, bloqueas embarques;

  • hay riesgo de seguridad → detienes la operación;

  • se detecta un envío equivocado → recuperas y corriges antes de que se expanda.

Esto es contención: una respuesta reactiva, rápida y necesaria. Su función es dar alivio inmediato y proteger cosas críticas: cliente, seguridad, producción, reputación.

El problema es cuando la empresa se queda ahí. Si solo hacemos contención “a lo loco”, la organización se convierte en un cuerpo de bomberos: forzados a apagar incendios todos los días. Y eso, claramente, no es Lean.

Smalley comenta que Toyota es muy fuerte en contención… pero no porque viva apagando incendios, sino porque tiene un sistema que hace dos cosas:

  • detecta los problemas cuando todavía son pequeños, y

  • activa una cadena de ayuda para volver rápido a condiciones normales.

¿Cómo se logra esa detección temprana?

  • trabajo estandarizado,

  • gestión visual,

  • control horario de productividad y calidad,

  • señales claras para detener y pedir apoyo.

En este escenario, la contención no aparece cuando ya hay un desastre… aparece en cuanto hay una desviación. Y los problemas importantes —o los pequeños que se repiten— deben analizarse a fondo. Ahí entramos al tipo 2.


Tipo 2: Desviación del estándar (causa raíz y contramedidas)

Aquí la pregunta cambia:

¿Por qué estamos fuera del estándar?

Este tipo de problema requiere análisis y método. Es donde entran herramientas basadas en el enfoque científico y el ciclo PDCA: identificar causa, probar contramedidas, verificar resultados, estandarizar.

Muchos métodos clásicos de resolución de problemas (calidad, 8D, A3, Ishikawa, 5 porqués, etc.) están diseñados para esto:
eliminar la causa y evitar que el problema vuelva a ocurrir.

Tipo 1 y Tipo 2 son problemas causados por una variación o por algo que salió de lo esperado. Son reactivos. Y para mucha gente, “problema” significa solo esto.

Pero Lean va más allá.

En Lean, un problema es cualquier brecha entre lo que estamos logrando y lo que deberíamos lograr. Y esa brecha a veces no nace de un error: nace de una decisión estratégica.

Eso nos lleva a los problemas “creados” y proactivos: tipos 3 y 4.


Tipo 3: Condición objetivo (mejorar el sistema hacia un nuevo estándar)

Este problema no nace porque algo falló. Nace porque la organización decide:

“Lo que hoy es estándar, mañana ya no será suficiente.”

Aquí se busca un desempeño superior al actual, pero no de forma improvisada. Se impulsa desde objetivos mayores: estrategia, competitividad, visión futura, despliegue Hoshin, etc.

Ejemplos de tipo 3:

  • decidir mejorar significativamente un flujo de valor con cambios sistémicos;

  • diseñar un “estado futuro” y mover el sistema hacia él;

  • ejecutar kaizens estructurados con un objetivo claro y más exigente.

Una idea importante: cuando logras una condición objetivo (un nuevo estado), no significa que ya terminaste. Normalmente aparecen muchos problemas tipo 2 y tipo 1 hasta estabilizar el nuevo flujo y sostener el rendimiento esperado.


Tipo 4: Innovación (cambio radical y nuevas formas de crear valor)

Smalley ubica la innovación como el cuarto tipo de problema. También es proactivo y “creado”, como el tipo 3, pero su intención es distinta.

La innovación incremental aparece naturalmente en el día a día cuando trabajas tipos 2 y 3. Pero el tipo 4 ocurre cuando el negocio decide:

“Necesitamos un cambio radical.”

Es decir: una forma completamente nueva de agregar valor al cliente, a través de productos, servicios, modelos, procesos o tecnología disruptiva.

Existen muchas metodologías para este tipo de desafío (design thinking, lean startup, etc.). Y aunque parezcan diferentes, comparten pasos similares:

  • comprender la situación,

  • definir el problema,

  • generar alternativas,

  • probar,

  • aprender,

  • iterar.


¿Por qué importa dominar los cuatro?

Porque los cuatro conviven. Y uno sostiene al otro.

No sirve de mucho tener un modelo súper innovador (tipo 4) si no tienes procesos excelentes que entreguen valor consistentemente (tipo 3).
Y tampoco sirve tener procesos muy “diseñados” (tipo 3) si reaccionas mal ante desviaciones (tipos 1 y 2) y haces que el cliente sufra por errores básicos repetidos.

Hace poco vi algo similar en una empresa: tenían gestión visual y reuniones diarias comparando “consumado vs. predicho”. Cuando detectaban una variación, reaccionaban rápido reasignando recursos. Eso es contención (tipo 1). Pero se quedaban ahí.

Si desarrollaran el hábito de atacar lo recurrente con causa raíz (tipo 2), entrarían en estabilidad real.
Si además definieran objetivos exigentes y trabajaran un estado futuro del flujo de valor (tipo 3), darían un salto de rendimiento.
Y si sumaran iniciativas estratégicas de innovación (tipo 4), podrían elevar el nivel competitivo del negocio.


Cierre: una invitación práctica

Te propongo un ejercicio simple:

  1. Observa tu operación y clasifica los problemas que aparecen en la semana.

  2. Pregunta: ¿Qué tipo de problema es este?

  3. Evalúa: ¿qué método usamos para tratarlo?

  4. Y lo más importante: ¿estamos preparando a la gente para resolver cada tipo?

Estoy seguro de que verás brechas. Y si trabajas con tu equipo para fortalecer el abordaje de los cuatro tipos de forma articulada, puedes convertir esa capacidad en un diferenciador enorme.



FLÁVIO AUGUSTO PICCHI
Tomado y traducido  : Lean Institute Brasil
Versión original : https://www.lean.org.br


Comentarios

Entradas populares de este blog

Consejos Lean de Gestión Visual en Fábricas: ¡Hazlo Simple!

FUNCIÓN DE PERDIDA DE TAGUCHI: herramienta de planificación de producción

TOYOTA, RECUPERACIÓN ANTE DESASTRES